ANTONIO DE FÁBULA: vinos artesanos y de elaboración limitada

Desde la tierra hasta la copa, una historia de respeto, paciencia y sabor auténtico

En la pequeña bodega de Antonio de Fábula, el tiempo no se mide con relojes, sino con estaciones. Aquí no hay prisa, ni ruido, ni fórmulas estandarizadas. Hay silencio, observación y una uva que, cuando llega su momento, se convierte en vino sin añadidos, sin filtros, sin disfraces.

Este no es un proyecto que persiga premios ni titulares, aunque algunos ya han llegado. Su propósito es más profundo y más simple: elaborar vinos auténticos, naturales y arraigados a la tierra murciana, con la uva como único ingrediente. Porque cuando se cultiva con respeto y se vinifica con honestidad, no hacen falta adornos.

Una historia de amor por la uva que comienza en Cehegín

Todo empezó en 2006, cuando Antonio y su pareja Maria José encontraron una viña de Monastrell en Cehegín. Fue amor a primera vista. Desde entonces, su vida ha girado en torno al cuidado de ese terreno, aprendiendo de la experiencia, de los errores y del conocimiento agrícola tradicional.

Antonio de Fábula
Cada vino en Antonio de Fábula es una historia fermentada con calma, honestidad y una profunda conexión con la tierra murciana./Imagen: Antonio de Fábula

Con formación en ingeniería agrónoma y enología, Antonio decidió no seguir los caminos convencionales. En lugar de tecnificar, eligió escuchar a la tierra. Y en 2020, tras una etapa compartida en Bodegas de Fábula, lanzó su proyecto personal: Antonio de Fábula, vinicultor.

La elección del término «vinicultor» no es casual. Ser vinicultor significa ocuparse de todo: del cultivo del viñedo, de la elaboración del vino, de su crianza y embotellado. Es un oficio completo, integral, que exige saberes múltiples y entrega diaria. Antonio no delega: él cuida, cosecha, fermenta, embotella y comparte. Por eso su vino tiene nombre propio, y también alma.

La viña: el lugar donde nacen las fábulas de Antonio

La viña es el corazón del proyecto y el origen de cada sabor. En Cehegín, a 450 m de altitud junto al río Quípar, Antonio trabaja parcelas de Monastrell en vaso y secano, asentadas sobre suelos calcáreos y limosos con cantos rodados. Este entorno extremo, con verano caluroso, noches frescas e invierno frío, aporta brío y claridad a las uvas.

Antonio cuida de las viñas a mano, sin máquinas ni químicos, siguiendo los ritmos naturales y respetando cada cepa. /Imagen: Antonio de Fábula

Antonio decide no forzar nada, solo acompañar: en el campo no se emplea ni riego artificial, ni herbicidas, ni abonos químicos. En su lugar, cubiertas vegetales y aportes de estiércol orgánico alimentan y protegen el suelo, respetando sus ciclos naturales.

Cada trabajo —la poda de formación y en verde, el barrenado para ventilar la planta y mantenerla libre de hongos, la vendimia manual en septiembre— se hace paso a paso y a mano. La higiene, la serenidad y el arraigo se perciben en cada racimo que llega a bodega. Allí, las uvas ya llevan dentro su identidad: fuerza, equilibrio y hondura.

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La bodega Antonio de Fábula: honestidad en cada paso, sin atajos ni maquillaje

Antonio ha acondicionado una pequeña bodega donde lo esencial es suficiente. No hay filtros industriales ni grandes equipos. Solo depósitos limpios, barricas bien cuidadas y un seguimiento constante.

Aquí se elabora “solo con uva”. No se añaden sulfitos ni levaduras. Las fermentaciones son espontáneas. El vino se agita, se cata, se escucha. Cuando está listo, se embotella, se encapsula con cera y se etiqueta uno a uno, a mano.

La elaboración sin aditivos ni correcciones da lugar a vinos vivos, irrepetibles y fieles a su añada./Imagen: Antonio de Fábula

La producción es limitada y depende de lo que dé la viña cada año. Por eso, cada botella está numerada, como una pequeña obra única que documenta una cosecha concreta.

Lo que no ves en la etiqueta: la verdad detrás de muchos vinos

Mientras Antonio cuida cada planta y cada fermentación, gran parte de la industria vinícola sigue otro camino muy distinto. Para asegurar la homogeneidad año tras año, muchas bodegas industriales recurren a procesos físico-químicos invisibles al consumidor: levaduras artificiales, enzimas sintéticas, taninos en polvo, correctores de acidez, chips de roble, y clarificantes de origen animal, entre otros.

Legalmente, todos estos aditivos están permitidos, pero su uso transforma el vino en un producto estandarizado, lejos de su identidad original. Aunque desde 2023 es obligatorio declarar los ingredientes, la mayoría lo hace mediante códigos QR difíciles de interpretar y, en muchos casos, incompletos.

Antonio controla manualmente cada paso del proceso para respetar el equilibrio natural del mosto y evitar cualquier aditivo químico. / Imagen: Antonio de Fábula

Además, en los vinos convencionales, es habitual que la uva provenga de múltiples orígenes y se cultive bajo técnicas intensivas con herbicidas, fungicidas y fertilizantes sintéticos. Eso no solo debilita el ecosistema, también afecta a la calidad del fruto y elimina las levaduras autóctonas esenciales para una fermentación natural.

En este contexto, proyectos como el de Antonio de Fábula cobran un valor aún mayor. Porque no solo reivindican una forma de hacer vino más transparente y coherente, sino que también preservan el paisaje, la biodiversidad y la cultura agrícola del territorio.

Los relatos de Antonio se descorchan y sus fábulas se beben

Sin prisa es un vino que rinde homenaje a la calma, elaborado sin atajos y vendimiado solo cuando la viña lo dicta. /Imagen: Antonio de Fábula

Cada una de las elaboraciones de este vinicultor encierra una fábula que invita a la pausa, al diálogo, a la contemplación. Una muestra de ello es Sin Prisa, un vino que celebra la victoria tranquila de la tortuga frente a la liebre, donde la perseverancia se impone al impulso. Este vino se vendimia de forma manual a mediados de septiembre, seleccionando cuidadosamente las vides. En su elaboración, una parte de la uva se despalilla sin estrujar y otra se incorpora con racimos enteros. La fermentación se lleva a cabo con sus propias levaduras. Después, se prensa y se eliminan las borras. Finalmente el vino se clarifica y estabiliza siempre de forma natural.

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Por eso, como advierte Antonio, no es raro que en la botella puedan aparecer pequeños precipitados: una señal inequívoca de su carácter artesanal, sin maquillaje.

En este proyecto no hay vinos genéricos, sino vinos con certificación ecológica que cuentan pequeñas historias. Cada uno está pensado para ser compartido con quien se detiene a saborearlos, sin prisa, con todos los sentidos.

Eventos íntimos, en catas clandestinas con maridajes exclusivos

La experiencia con los vinos de Antonio de Fábula va mucho más allá del descorche. Es un proyecto que busca la conexión directa, el encuentro sincero, el disfrute sin pretensiones. Por eso, además de elaborar, Antonio dedica parte de su energía a crear momentos donde compartir sus vinos tenga sentido.

Uno de los formatos más especiales son sus catas clandestinas, bautizadas así porque la localización se mantiene en secreto hasta el último momento. Solo quienes confirman su asistencia descubren el lugar exacto: una viña escondida, un salón rural, un espacio creativo. Allí se celebra un convite inesperado, donde cada plato y cada copa cuentan algo. Cocina local, ingredientes ecológicos y vinos que hablan. Todo en pequeño formato, sin prisas, para quienes valoran lo auténtico.

Los eventos que organiza Antonio invitan a descubrir sus fábulas desde la experiencia directa, cercana y compartida. /Imagen: Antonio de Fábula

Antonio también participa activamente en ferias y mercados agroecológicos, allí presenta sus vinos “solo uva” junto a otros productores locales, formando parte de un tejido de consumo responsable, comercio de proximidad y sostenibilidad real.

Además, organiza tardes de maridaje, cenas y encuentros en locales de la Región de Murcia, en dónde sus vinos se acompañan de platos diseñados especialmente para la ocasión: risottos de chato murciano, mejillones escabechados, mousse de algarroba o croquetones de boletus con stilton. Cada combinación está pensada para resaltar los matices del vino y reforzar su carácter narrativo.

Beber un vino de Antonio de Fábula es algo más que degustar un sabor distinto. Es apoyar una forma de hacer las cosas con calma, con cuidado, con sentido. Es apostar por lo pequeño, lo sincero y lo profundamente humano.

Sigue descubriendo productores que cocinan, cultivan y elaboran desde el alma en nuestra sección BEchef. Porque cada historia importa, y cada elección cuenta.

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