DA VINCI Y BOTTICELLI y el Restaurante de las Tres Ranas

Los dos artistas compartieron la pasión por la cocina

Lo primero que tal vez imaginamos al descubrir que Leonardo era un gran aficionado a la cocina es a un pintor que tal vez pintaba lienzos mientras cocinaba pasta. Pero no, hablamos de Da Vinci, alguien que no hacía las cosas a medias. Su genialidad también llegó a la dulzura de los postres y a los sabores contundentes de la cocina toscana. Y hasta abrió un restaurante con su amigo Botticelli. Te contamos más.

Como en la pintura y la ingeniería, Leonardo no podía acercarse con amor a la cocina sin llamar la atención. En las cocinas más modestas introducía toques de genialidad, y luego en grandes banquetes mostraba su arte culinario a la élite.

La Taberna de las Tres Caracolas, su primera aventura

El primero que apreció dotes culinarias en Leonardo fue su padre. Al observar su temprano talento tanto en la pintura como en la cocina, -corría 1469-  lo llevó a Florencia a una «bottega», digamos un restaurante de la sociedad más pudiente. Uno de esos lugares en que los famosos de esa época del Renacimiento se daban cita, como Botticelli o Rafael.

Evocación del Restaurante de las Tres Ranas/ BEonloop

Las crónicas de la época cuentan que Leonardo, además de ser un joven atractivo, mostraba ese gusto especial por el arte de la cocina que ya había detectado su padre.

Aunque se formaba como artista en el taller de Verrocchio -una celebridad ya en ese momento- Leonardo ganaba poco, y eso le llevó a trabajar por la noche en un local llamado «La Taberna de las Tres Caracolas».

Una trágica noche, en la que todos los cocineros murieron misteriosamente envenenados, Leonardo tomó las riendas de la cocina. Comenzó a innovar con sus propias recetas, alejándose de los platillos tradicionales y pesados, dando un toque fresco y revolucionario a cada plato, un auténtico precursor de lo que hoy habría sido la «nouvelle cuisine».

Sin embargo, sus innovaciones con los menús no fueron del agrado de muchos y, ante las protestas de los comensales, tuvo que dejar ese periodo de las Tres Caracolas para no afrontar mayores consecuencias.

Las innovaciones culinarias de Leonardo

Después de esa primera experiencia profesional en la Taberna, Leonardo retomó el trabajo a tiempo completo en el taller de Verrocchio.

Lo curioso es que al haberse dado cuenta de los retos y exigencias de la vida en la cocina, empezó a diseñar -¡cómo no!- herramientas que simplificaran el trabajo del chef. Durante mucho tiempo, estos diseños que hizo fueron malinterpretados por los estudiosos de su obra gráfica y se pensó que eran instrumentos de guerra o para otros fines poco identificables.

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ilustración que evoca un menú gastronómico de la época. / BEonloop

Su creatividad no tuvo límites. Introdujo el uso del tovaglioli -la servilleta- para mantener la higiene y se le atribuye la creación de la forchetta, precursora del moderno tenedor.

Pero una revisión más reciente y detallada ha revelado que, en realidad, eran ingeniosos utensilios de cocina. Entre sus creaciones, ideó un triturador de carne, un cascanueces mecánico, un cortador de jamón, un sacacorchos para zurdos -él mismo era zurdo- y hasta una especie de batidora manual gigante. Su mente inventiva incluso diseñó algo parecido a un lavavajillas moderno. Uno de estos artefactos, un triturador de ajo, todavía se conoce en la actualidad como «el Leonardo».

Las Tres Ranas de Sandro y Leonardo

La pasión por la cocina había calado hondo en Leonardo, tanto que junto con su amigo y colega el pintor Sandro Filipepi, conocido como Botticelli, decidió emprender un nuevo proyecto. Juntos abrieron una taberna en Florencia, cerca del Ponte Vecchio, conocido por ser uno de los lugares más concurridos de la ciudad. La llamaron “Le Tre Rane di Sandro e Leonardo” (Las Tres Ranas de Sandro y Leonardo).

Da Vinci y Botticelli plantearon una carta ilustrada / BEonloop

En un guiño a su formación artística, Da Vinci y Boticelli decoraron la entrada de la taberna con dos letreros pintados por cada uno de ellos y, curiosamente, usaron viejos escenarios del taller de Verrocchio para adornar el lugar. Pero lo más peculiar de “Le Tre Rane” fue su menú.

Leonardo, fiel a su costumbre, escribió las recetas de derecha a izquierda, haciéndolas casi incomprensibles para el lector común. Sin embargo, Botticelli creó ilustraciones para cada plato, para facilitar así la elección a los comensales. A pesar de la singularidad de su propuesta, la taberna no tuvo éxito. Los clientes no estaban contentos con las reinterpretaciones audaces que Leonardo había hecho de los platos tradicionales.

El boca a boca negativo les dejó sin clientela, obligándoles a cerrar «Le Tre Rane». Pero a pesar de ese segundo revés, el legado culinario de Leonardo persiste hasta hoy, siendo un ejemplo de ello una de sus recetas de sopa de ranas, que destaca por su singularidad y toque maestro.

El Códice Romanoff desvela al maestro de los banquetes

Su talento en las artes es mundialmente reconocido, pero las habilidades culinarias de Leonardo da Vinci eran igualmente notables. Tras sus experiencias en «Le Tre Rane», su expertise culinaria fue vital cuando sirvió por tres décadas en Milán. Allí, no solo fue un estimado artista de corte, sino también el gran maestro de ceremonias, festividades y banquetes en el dominio de Ludovico il Moro. Ludovico Sforza, conocido como «il Moro», fue duque de Milán y un gran patrocinador de las artes.

Evocación de un restaurante italiano en el siglo XVI /BEonloop

Durante este periodo, creó el icónico fresco de La Última Cena, una amalgama de religiosidad y gastronomía.

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El mismo Codex Romanoff -un misterioso manuscrito vinculado a Leonardo- ilustra su afición por la cocina. Mientras en él se describen recetas complicadas propias de Ludovico, también se mencionan platos simples e inusuales creados por el mismo Leonardo. Algunas de estas recetas incluyen «pastiglie di mucca», el ghiro farcito y la spalla di serpente.

Su creatividad no tuvo límites. Introdujo el uso de tovaglioli -la servilleta- para mantener la higiene y se le atribuye la creación de la forchetta, precursora del moderno tenedor.

La cocina toscana fue reinterpretada por Da Vinci / ILUSTRACIÓN BEONLOOP

En reconocimiento a su estima y servicio, Ludovico le obsequió con una viña, que Leonardo cuidó con pasión. No solo se ocupó del cultivo, sino que también estudió técnicas avanzadas de vinificación, dejando un legado enológico. Y diseñó una barrique, un barril para mejorar la calidad del vino.

Misterios y reflexiones

Leonardo nunca dejó de sorprender. Y subrayando su interminable pasión por la gastronomía y su amor por la cocina, en su testamento dejó una porción significativa de la herencia a su fiel cocinero, Battista de Villanis.

En definitiva, a través de sus innovaciones y creaciones, Leonardo demostró que su genialidad no se limitaba al arte, sino que se extendía a todas las facetas de la vida, incluida la gastronomía.

La vida y obra de Leonardo da Vinci, con sus matices de realidad, contradicción y misterio, se reflejan fielmente en esta narración sobre su incursión en el mundo de la cocina. Aunque muchos de los hechos presentados tienen raíces en la realidad, los escritos han sido novelados, entrelazando la verdad con la ficción de una manera que hace difícil encontrar la auténtica historia detrás del genio renacentista. Lo que sí es indiscutible es que Leonardo, con su característica pasión e ingenio, dejó una huella indeleble no sólo en el arte y la ciencia, sino también en el arte culinario.

Edición BE OnLoop

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