
E. COLI: la bacteria que se alimenta de plástico y produce medicina
La biotecnología podría transformar la industria farmacéutica a partir de residuos plásticos
Un avance sorprendente de científicos de la Universidad de Edimburgo demuestra que una bacteria de E. Coli modificada genéticamente puede transformar residuos plásticos en el principio activo del acetaminofén o paracetamol (un medicamento ampliamente usado como antipirético y analgésico). Estas innovadoras bacterias que convierten plástico en medicamentos ofrecen un enfoque revolucionario. Aunque todavía está en fase de laboratorio, este desarrollo abre la puerta a una revolución en el reciclaje de plásticos y la producción sostenible de medicamentos.
La bacteria E.Coli modificada que produce paracetamol
La bacteria utilizada es una cepa modificada de Escherichia coli,común mente conocida como E.Coli, un microorganismo bien conocido por la ciencia y usado frecuentemente en ingeniería genética. Lo realmente innovador es que los investigadores lograron incorporar una reacción química que normalmente solo se realiza en laboratorios, directamente dentro de la célula. Esta reacción permite transformar compuestos derivados del PET, el plástico de las botellas y envases, en moléculas que sirven como base para la síntesis de medicamentos, gracias a la bacteria de E.Coli.
El proceso se lleva a cabo en condiciones suaves —a temperatura ambiente y sin catalizadores tóxicos— y tiene lugar en menos de 24 horas. Además, genera muy pocas emisiones de carbono, lo que refuerza su potencial como tecnología verde para el futuro.
¿Cómo es el proceso que transforma el PET en paracetamol?
El punto de partida es un tipo de plástico muy común: el PET (tereftalato de polietileno), presente en botellas, envases y textiles. Para que las bacterias puedan aprovecharlo, primero es necesario descomponerlo en compuestos más simples mediante un proceso químico previo. Estos compuestos intermedios —como el ácido tereftálico— son los que realmente sirven de “alimento” para la E. coli modificada, que usa esos plásticos y los transforma en medicamentos tan comunes como el paracetamol.
Una vez que estos derivados del plástico entran en contacto con las bacterias, entra en juego la innovación clave: una ruta metabólica artificial que permite a la célula realizar una transformación química compleja, conocida como el reordenamiento de Lossen. Esta reacción, poco común en sistemas vivos, convierte los compuestos del plástico en estructuras nitrogenadas esenciales para fabricar el principio activo del acetaminofén o paracetamol.
Además, los investigadores incorporaron genes de otros microorganismos para completar el proceso bioquímico hasta obtener el compuesto final. Todo esto ocurre dentro de la célula, sin necesidad de catalizadores externos ni condiciones agresivas. Los ensayos realizados en laboratorio han logrado rendimientos de conversión superiores al 90 %, lo que demuestra la eficiencia del sistema en condiciones controladas.
Beneficios potenciales del hallazgo: dos problemas, una solución

Por un lado, permite dar un nuevo uso a los residuos de PET, uno de los plásticos más problemáticos en el medio ambiente. En lugar de terminar en vertederos, incineradoras o en el océano, estos residuos podrían convertirse en recursos útiles a través de un proceso limpio y eficiente. Esto supone una forma innovadora de reciclaje avanzado, mucho más ambicioso que el reciclaje mecánico tradicional.
Por otro lado, el método propone una vía para obtener principios activos farmacéuticos sin depender de procesos petroquímicos, que suelen requerir altas temperaturas, disolventes contaminantes y generar emisiones significativas. En este caso, las reacciones ocurren dentro de una bacteria viva, en condiciones suaves y con un impacto ambiental mucho menor. Es decir, se trata de una alternativa más verde y descentralizada para la producción de medicamentos esenciales.
Además, este desarrollo se enmarca dentro del concepto de upcycling biológico: transformar residuos de bajo valor en productos con alto valor añadido. No solo se reduce el volumen de basura, sino que se genera algo útil a partir de ella. Una propuesta que podría cambiar la forma en que entendemos la economía circular.
¿Qué falta para que sea una realidad?
El primer gran reto es el pretratamiento del plástico. En el laboratorio se ha utilizado PET previamente descompuesto en condiciones óptimas, pero en la vida real, los residuos plásticos suelen estar mezclados, sucios y contaminados. Adaptar el proceso para tratar plásticos reales —no solo muestras purificadas— es esencial para su viabilidad ambiental y económica.
En segundo lugar, está la escalabilidad del proceso. Los experimentos se han realizado en entornos controlados, con volúmenes pequeños y condiciones ideales. Pasar a bioreactores industriales implica mantener la eficiencia y la pureza del producto en condiciones mucho más complejas. Además, sería necesario optimizar el cultivo, la recolección del principio activo y su purificación.

Otro aspecto clave es la regulación sanitaria. Aunque se haya producido el principio activo del acetaminofén o paracetamol, eso no garantiza que esté listo para su uso médico. Harán falta pruebas rigurosas para confirmar su pureza, estabilidad y seguridad, además de la aprobación de las agencias reguladoras correspondientes.
Por último, está el análisis del balance ambiental completo. Aunque el proceso promete bajas emisiones de carbono, habrá que considerar todo el ciclo de vida: desde la obtención del plástico hasta la purificación del fármaco. Solo así se podrá confirmar si realmente es más sostenible que los métodos tradicionales.
Lo que viene: ¿revolución o ilusión?
Este avance científico ha captado la atención internacional porque representa una nueva frontera en la biotecnología verde. Pero, como ocurre con muchas innovaciones disruptivas, el entusiasmo debe equilibrarse con realismo.
Varios equipos de investigación en todo el mundo ya están explorando estrategias similares para transformar residuos plásticos en productos útiles: desde textiles hasta biocombustibles, pasando por materiales de construcción o ingredientes para cosmética. Este caso concreto, centrado en un medicamento ampliamente utilizado, demuestra que la producción farmacéutica también puede beneficiarse del enfoque circular y sostenible.
Si se logran superar los obstáculos técnicos y regulatorios, podríamos estar ante el comienzo de una transformación profunda en la manera en que producimos medicamentos y gestionamos los residuos. Sin embargo, por ahora, se trata de una prueba de concepto en laboratorio, no de una solución inmediata.

Lo más interesante es que este avance abre nuevas posibilidades: si es posible diseñar bacterias para fabricar acetaminofén a partir de plásticos, ¿qué más podríamos producir en el futuro con residuos? Vitaminas, antibióticos, fertilizantes o incluso materiales avanzados podrían generarse siguiendo principios similares.
En definitiva, esta tecnología no solo apunta a resolver un problema, sino a replantear cómo interactuamos con los residuos, la química y la naturaleza. Un paso más hacia una economía verdaderamente regenerativa.
Desde BEonloop seguiremos muy de cerca estos desarrollos que nos acercan a un nuevo paradigma, donde la solución a los grandes problemas ambientales y sociales puede surgir, literalmente, de un tubo de ensayo, en donde una bacteria an conocida como la E.Coli es capáz ed reciclar plásticos y convertirlos en un medicamento común. Y tú, ¿estás listo para imaginar el futuro de la medicina… a partir del reciclaje?
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