GRANJAS DE ALGAS MARINAS para mejorar el clima

Cómo el cultivo de algas genera oxígeno y reduce metano, y mucho más

El cultivo de algas tiene un brillante futuro. Proteínas para humanos y animales, materias primas para las industrias cosmética y farmacéutica, fertilizantes y bioplásticos… Granjas de algas y parques eólicos marinos comparten escenario en el oscuro Mar del Norte. Nos lo cuenta Erik Raspoet, periodista de Knack, que entrevista al profesor Olivier De Cleck, experto en la materia. Nos ha parecido apasionante.

Olivier De Clerck y su equipo de ficología son pioneros en el cultivo de algas a gran escala en el Mar del Norte. El Equipo es uno de los principales socios de Wier en Wind (Algas y Viento), un proyecto belgo-holandés que investiga las posibilidades de cultivar algas a escala industrial y de forma automatizada en parques eólicos marinos. Luego sabrás por qué algas y torres eólicas se llevan bien.

El auge de las algas en la nutrición ha hecho crecer mucho las técnicas de cultivo / i-STOCK

Un mar oscuro en el que las algas generan poco oxígeno

Antes de entrar en materia queremos explicar que el Mar del Norte es un mar principalmente oscuro y turbio, por lo que el caso de Bélgica está en las antípodas de los mares claros y soleados como los australianos.

Allí, donde da el sol, en la mitad intertrópicos del planeta, empezaríamos hablando de cómo las algas absorben CO2 y expulsan oxígeno generando una brillante huella negativísima de carbono. La Dra. Alecia Bellgrove, profesora titular de Biología Marina y Ecología en la Universidad de Deakin, nos contará en otro artículo cómo interpretan allí las algas como un motor objetivo para la generación de oxígeno vía fotosíntesis.

Pero no sólo la generación de oxígeno es genial para la atmósfera y contra el cambio climático por efecto invernadero, sino también la retención de metano cuando el alga seca es comida por el ganado.

Tan productivas como las del Caribe

Y en ese caso, las algas del Mar de Norte son igual de campeonas que las de los mares cálidos. Administradas con el forraje o el pienso reducen visiblemente la expulsión de ese gas tremendo generado por la digestión de los rumiantes en sus cuatro estómagos. No generaron oxígeno relevante en su oscuridad, pero nos frenan el metano tras ser deshidratadas.

Algas protegidas por parques eólicos

Además, Olivier De Clerck forma parte de la directiva de UNITED, un proyecto en el que participa el Real Instituto Belga de Ciencias Naturales. UNITED, que se financia a través del programa europeo Horizonte 2020, con varios socios industriales, entre ellos el armador Brevisco, el grupo de dragados y obras marítimas Jan De Nul y Parkwind, el holding de energía eólica del Grupo Colruyt. También en este caso se trata de combinar la energía eólica marina con el cultivo de algas y el de ostras.

El agua turbia del Mar del Norte no está siendo un problema para la fotosíntesis de las algas pardas / i-STOCK

Es evidente que con este proyecto todos ganamos. Los parques eólicos ocupan cada vez más espacio en el mar poco profundo. Sólo en la costa belga hay ya ocho parques eólicos operativos, lo que hace a ese país el cuarto productor mundial de energía eólica. En los próximos años, los 280 km cuadrados de la zona de Princesa Isabel se ampliarán con otros tres parques eólicos. Las normas de seguridad son muy estrictas, y la navegación y la pesca en estas zonas están totalmente prohibidas.

Algas pardas, no para gastronomía, pero útiles

Precisamente estas normas hacen que estas zonas sean tan adecuadas para la acuicultura, aunque hay algunos problemas graves que resolver para las praderas marinas. “Las algas crecen en aguas poco profundas, cerca de la costa”, explica De Clerck. “No es nada fácil cultivarlas en mar abierto, donde las olas y las corrientes son mucho más fuertes. Por eso nuestra investigación se centra en dos problemas: sistemas de anclaje para las algas y formas de optimizar su reproducción, recolección y siembra de esporas y plantación de plantas jóvenes”.

También hay toneladas de algas procesables a partir de la recogida en las orillas / i-STOCK

La seguridad de los parques eólicos es muy estricta, navegación y pesca están prohibidas, y la zona es una reserva natural para las algas.

Las algas pardas son las que se utilizan para la siembra en alta mar. “No son ideales para la gastronomía, pero no por ello son menos interesantes. Nada se desperdicia”, prosigue con entusiasmo Olivier De Clerck. “Las algas pardas contienen proteínas que pueden consumir tanto los humanos como el ganado. De ellas se pueden extraer alginatos y los residuos son una fuente ideal para la producción de fertilizantes.

Los parques eólicos están vetados a la navegación y la pesca. Son reservas naturales por casualidad / PEXELS – Enrique

Las algas pueden incluso desempeñar un papel en la gestión del problema del nitrógeno, que también se deja sentir en el mar como consecuencia de la eutrofización de los ríos -la carga de nitratos agrícolas en el agua alimenta en exceso a las algas que acaban con el oxígeno disuelto, matando a peces y todos los seres que lo necesitan para respirar-.

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Como las algas se alimentan, entre otras cosas, de los nitratos y el amonio de los abonos artificiales, crecen más deprisa y pueden cosecharse más rápidamente como materia prima para nuevos abonos naturales. La producción de fertilizantes se hace así circular.

De las algas a los biocombustibles

La lista de ventajas del cultivo de algas es enorme. Medicamentos, bioplásticos, detergentes biodegradables… Además, las granjas de algas ayudan a proteger la costa contra la erosión por oleaje.

En cuanto a su capacidad para almacenar CO2, De Clerck prefiere ser cauto. “Hay quien piensa que las algas tienen un impacto significativo”, dice. “Por desgracia, no disponemos de datos suficientes para respaldar esta afirmación. Por supuesto, como todas las plantas, las algas capturan CO2 para crecer, pero una proporción significativa de éste se pierde rápidamente en la atmósfera. Necesitamos con urgencia nuevos estudios”.

Más del 90% del comercio y la producción de algas se concentra en Asia, pero Europa ha empezado a recuperar terreno.

Sin embargo, una cosa es cierta: la acuicultura a gran escala en alta mar puede reducir la presión sobre los frágiles biotopos terrestres y marinos. Las proteínas que se extraen así de algas o mariscos ya no tienen que producirse mediante la ganadería o la pesca. Además, las algas son una materia prima alternativa a los piensos para ganado o los biocombustibles, ambos muy contaminantes.

Experimento con algas en tanques, en tierra

De Clerck participa en un tercer proyecto relacionado con las algas: SeaCrops. Junto con Bart Groenendaal, un empresario apasionado por las algas, está investigando la viabilidad técnica y económica del cultivo de algas en tierra. “Para ello utilizamos grandes tanques llenos de agua de mar”, explica.

“La ventaja es que podemos controlar y adaptar parámetros como la temperatura, la intensidad de la luz y la salinidad del agua, lo que nos permite cultivar distintos tipos de algas. La acuicultura en tierra es de menor escala y más cara que la acuicultura en el mar, pero estas desventajas se ven compensadas por el valor añadido. Esta tecnología es muy adecuada para el cultivo de algas comestibles”, añade De Clerck.

Una sola especie en el Mar del Norte

La cría en el mar abierto es muy diferente. No podemos cambiar las condiciones y normalmente tenemos que contentarnos con cultivar una sola especie de algas, normalmente algas pardas, que son las autóctonas.

“Necesitaremos dos ciclos de investigación de tres o cuatro años antes de alcanzar la velocidad de crucero en términos de producción”.

Varios expertos en biología marina ya han advertido de que los monocultivos en el mar entrañan los mismos riesgos que en tierra, sobre todo en su vulnerabilidad a parásitos y enfermedades. “Somos conscientes de ello”, afirma De Clerck. “China lleva mucho tiempo explotando granjas de algas a gran escala. Mediante técnicas tradicionales de cultivo, los chinos han optimizado el rendimiento de las algas pardas. Esto es rentable a corto plazo, pero ahora están viendo las desventajas de la falta de diversidad genética. No queremos caer en esa trampa y estamos creando un banco de esporas para poder introducir suficiente diversidad en un monocultivo.

Una cosechadora de algas

Los resultados de la investigación son prometedores. El fabricante neerlandés de equipos Murre Technologies, socio del proyecto Wier en Wind, ha presentado una impresionante cosechadora de algas automática. El proyecto UNITED también está a punto de lograr un gran avance. Durante los dos últimos años se han realizado experimentos a pequeña escala en un banco de arena a cuatro kilómetros de la costa de Nieuwpoort. “Los resultados son mejores de lo esperado”, explica De Clerck. “Al principio era bastante escéptico porque el Mar del Norte belga es rico en sedimentos. El agua es, por tanto, turbia, y eso no es estupendo para la fotosíntesis.

Anclando las algas para evitar la deriva

Afortunadamente, el impacto de esta falta de luz en el crecimiento de las algas parece ser limitado. También hemos conseguido anclar las algas para que no vayan a la deriva. Todo está listo para una primera prueba en un parque eólico marino a 50 km de la costa. Las condiciones son muy diferentes. Por un lado, son más favorables, porque el agua de la costa contiene menos sedimentos. Por otro lado, hay menos nutrientes en el agua de los que puedan alimentarse las algas. Esperamos con impaciencia los resultados.

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La FAO calcula que el mercado mundial de algas y productos derivados asciende a 32 millones de toneladas, lo que equivale a 11.300 millones de euros. Más del 90% del comercio y la producción de algas se concentra en Asia, pero Europa ha empezado a recuperar terreno.

Las granjas de algas tradicionales no dan abasto

Hasta ahora, la modesta producción de algas salvajes procede de las costas rocosas de Escocia, Irlanda, Bretaña y el norte de España. Para alcanzar el objetivo de 8 millones de toneladas en 2030, sin duda tendremos que recurrir a la acuicultura. Necesitamos otros dos ciclos de investigación de tres o cuatro años cada uno antes de alcanzar la velocidad de crucero en términos de producción”, afirma De Clerck. “Tenemos que seguir mejorando tanto nuestro modelo operativo como las tecnologías utilizadas. Por eso no es casualidad que colaboremos con la Facultad de Derecho de la UNITED. Las normas de explotación de los parques eólicos marinos son muy complejas. En particular, las cuestiones de seguros y responsabilidad requieren la labor de expertos.

Alimentación, agricultura y fertilizantes

Las expectativas son altas. Todos los grandes protagonistas de los sectores afectados, como la agricultura, la alimentación y los fertilizantes, están en el punto de partida. Son empresas que participan en start-ups o proyectos de investigación.

En gran parte de Asia las algas son parte de la dieta desde hace siglos, pero la cocina europea nunca las ha tenido en la cesta de la compra. Muchos chefs innovadores incluyen algas, incluso por criterios de “kilómetro cero” y sostenibilidad, como podría ser el caso de la cornisa cantábrica, que ya lleva una trayectoria brillante en su cultivo. Pero para hacerse un lugar en nuestra dieta diaria, las algas aún tienen que hacerse mucho más presentes en el mercado. El profesor Olivier De Clerck, experto en algas de la Universidad de Gante lo tiene claro: “Es una cuestión de tiempo”.

Las algas se irán haciendo habituales en la cocina

El profesor argumenta: “Tomemos como ejemplo el éxito del sushi. Hace treinta años era un plato exclusivo de los restaurantes japoneses. Hoy hay bares de sushi en cada esquina. Lo mismo ocurre con la sopa de miso, mi plato favorito de algas, cada vez más popular. En realidad, llevamos mucho tiempo comiendo algas sin saberlo. Muchos alginatos y otros espesantes utilizados en productos farmacéuticos y cosméticos proceden de algas marinas. También se encuentran, por ejemplo, en alimentos como los batidos de chocolate”.

“Las algas pardas no son ideales para la gastronomía, pero nada se desperdicia”, dice Olivier De Clerck. “Contienen proteínas buenas para humanos y ganado”.

El equipo puntero de la Universidad de Gante

El amor de Olivier De Clerck por las algas no se limita a lo culinario. En la Universidad de Gante dirige un equipo de 18 investigadores especializados en algas, pluricelulares y marinas. Está a la vanguardia de una revolución en la producción de alimentos y cultivos industriales. En otras palabras, en la agricultura marina.

Pero ¿estamos preparados los consumidores para seguir ese cambio? Porque recurrir a insectos y gusanos de la harina como fuente de proteínas, de momento, será impensable. De Clerck confía en el futuro de las algas como alimento, y no sólo por el éxito mundial del sushi que mencionaba al principio. “Estamos trabajando con chefs belgas para desarrollar nuevas recetas”, afirma. “El nivel de aceptación no es tan malo”.

Los coreanos vienen a Bélgica

La Universidad de Gante recibirá próximamente la visita de una delegación de Corea del Sur, país con una larga tradición en el cultivo de algas. “Vienen a ver cómo combinamos la energía eólica y la acuicultura”, explica. “Es un mundo un poco al revés: asiáticos que vienen a Europa a mejorar sus conocimientos sobre algas y marisqueo… Dice mucho del carácter innovador de nuestro trabajo”. Pues Chapeau!, y que nos perdonen porque no sabemos decirlo en flamenco.

Edición BE OnLoop sobre texto de Erik Raspoet

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