
LA FOCA CAPUCHINA y su macho raro
A veces llegan a la cornisa cantábrica, con las corrientes
Si alguna vez te cruzas con una foca inflando una especie de globo rojo en su cara, tranquilo, no estás soñando. Se trata del macho de la foca capuchina (Cystophora cristata), una de las especies más llamativas del Ártico. Aunque es poco frecuente, en 2004 se documentó el nacimiento de un ejemplar en la costa del Cantábrico. Por respeto a su protección, apenas se difundieron detalles. Pero el dato nos recuerda que la naturaleza siempre tiene sorpresas reservadas, incluso cerca de casa.
¿Qué hace tan especial al macho de la foca capuchina?
A diferencia de otras especies marinas, los machos de esta foca destacan por una protuberancia nasal inflable que se alarga desde el hocico hasta los ojos. Durante el cortejo, la inflan hasta formar una especie de “capucha” sobre la cabeza. Pero eso no es todo: también poseen un septo nasal rojo brillante, que sobresale como un globo para llamar la atención de las hembras y marcar territorio frente a otros machos.
Este espectáculo visual se acompaña de sonidos graves y vibraciones, generando un ritual de apareamiento tan llamativo como eficaz. Tanto es así que ha sido protagonista en numerosos documentales.
Auténticas máquinas del océano
Más allá de su aspecto, estas focas son verdaderas campeonas del océano. Viven en el Atlántico Norte, donde se sumergen durante casi una hora y alcanzan profundidades superiores a los 300 metros. Se alimentan de bacalao, arenques, calamares y pulpos, adaptándose a un entorno hostil, frío y oscuro.
El dimorfismo sexual es muy marcado: los machos pueden medir hasta 3,5 metros y pesar más de 400 kg, el doble que las hembras. Sus cuerpos robustos y su habilidad para bucear les convierten en depredadores eficientes, pero también en piezas clave del ecosistema marino.

Una especie singular que hay que proteger
Aunque no está en peligro crítico, la foca capuchina enfrenta riesgos por la pérdida de hielo marino y el impacto del cambio climático en sus rutas migratorias. Su presencia en zonas como el Cantábrico, aunque ocasional, es una oportunidad para recordar la importancia de conservar el equilibrio marino.
¿Y si un día te la encuentras?
No es imposible. En trayectos costeros entre Galicia y el País Vasco, a veces las corrientes nos regalan visitas inesperadas. Por eso, si ves algo extraordinario, no dudes en observar… y proteger. Porque conocer especies como la foca capuchina es el primer paso para valorar la diversidad que nos rodea
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