SADIO MANÉ, una sencilla estrella del fútbol

El jugador del Liverpool detesta el lujo y financia ayuda social en su país

¿Una estrella del fútbol mundial limpiando los baños de una mezquita en Twitter? Era Sadio Mané en 2018 en la mezquita a la que va con frecuencia en su barrio de Liverpool. Era una escena impensable en el caso de la mayoría de millonarios del deporte, pero el vídeo viral no sorprendió, para nada, a sus seguidores. Y es que Mané es una estrella en Senegal, más que por sus logros deportivos por su liderazgo en lo humano.

Musulmán practicante, Mané entre otras cosas colabora con un programa de prevención del VIH en Malawi. «Es una iniciativa que me llega al corazón, es importante ayudar a la gente, me hace feliz hacerlo”, declaró entonces a la emisora alemana Deutsche Welle.

De la probreza profunda al éxito mundial

Sin embargo, el buen corazón de Mané ha dado la vuelta al mundo por unas declaraciones al programa «Talents d’Afrique” del canal senegalés TeleDakar. En una larga entrevista, repasó su carrera desde sus inicios en la Academia «Génération Foot» de Senegal hasta su consagración en el Liverpool, sus comienzos en el Metz francés, el Red Bull Salzburg, el Southampton y la fiesta total con el Liverpool, con el que ganó la Champions League y la Supercopa de la UEFA. En esa entrevista Mané habló de sus orígenes humildes y de su ambición por superar la pobreza.

Ha financiado una escuela, proyecta la construcción de un hospital y da 70 euros al mes a cada una de las familias de su barrio en Senegal

Pero lo que más llamó la atención son los motivos por los que ayuda a la pequeña localidad de Bambalí, en Senegal, a orillas del río Casamanza, donde creció. «¿Para qué querría yo diez Ferraris, veinte relojes de diamantes o dos aviones? ¿Qué harán esas cosas por mí y por el mundo? No necesito autos de lujo, casas de lujo, viajes ni mucho menos aviones. Prefiero que los míos reciban un poco de lo que la vida me ha dado”, dijo el atacante, cuyo salario anual bordea los 15 millones de euros.

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Ayudar a quienes no tienen casi nada

Mané entregó 300.000 euros para construir una escuela, proyecta la construcción de un hospital y entrega mensualmente 70 euros a cada una de las familias de su barrio para «ayudar a la economía familiar”. No le gusta jugar PlayStation, que es una afición habitual entre los futbolistas, porque dice que le parece una pérdida de tiempo y no le ayuda a ser mejor jugador. Tampoco va a fiestas. «Yo pasé hambre, trabajé en el campo, jugué descalzo y no fui al colegio. Hoy puedo ayudar a la gente. Prefiero construir escuelas y dar comida o ropa a la gente pobre”, explicó.

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